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viernes, 9 de diciembre de 2016

CALLE MAGDALENA

La calle Magdalena fue testigo mudo de muchos de los acontecimientos de la vida de nuestro pueblo y posiblemente por ella, a soles pones de un mes de agosto de 1626, el franciscano bonillero Pedro Carralero entró portando a lomos de su mula la cruz del santísimo Cristo de los Milagros cuando venía de Roma, en dirección a la casa de sus parientes que vivían en la calle del Barranco. Por esta misma calle desfilaron galeras y carros cargados de grano camino de las tercias sitas en la actual calle don Pepe, donde se recaudaba el diezmo que había de pagarse como tributo e impuesto al Estado y a la Iglesia, cuyo destino era el arzobispado de Toledo y la iglesia catedralicia de Alcalá de Henares.
Y seguramente por ella pasó montado en su mula Basilio “el pobre”, ya casado con la bella Quiteria, tras burlar al rico Camacho, para dar gracias al cura de El Bonillo (don Pedro López Segura), por haber realizado los desposorios, e irían acompañados de don Quijote y Sancho, que hospedados por los recién casados en su casa a cuerpo de rey, partirían camino a la cueva de Montesinos.
También por el paso Munera pasaron carros llenos de trigo requisados por los franceses en las eras de nuestro pueblo, tras haber sido asediado el pueblo durante la invasión francesa, y fue testigo la calle de la manifestación obrera de un primero de mayo de 1932 en la que resultó muerto el guardia civil Ignacio Vecina Romero, herido gravemente el sargento de la Benemérita Antonio Gómez Relaño y detenidas 27 personas, para las que se pedía desde la cadena perpetua a la pena de muerte. La calle de autos, en particular la esquina de la calle del cura Cucharro, fue fotografiada por los principales diarios nacionales.
Finalizada la guerra la calle se engalanó para conmemorar el tercer centenario del Cristo de los Milagros. También fue la calle testigo, a partir de los años 50, una vez realizada la carretera de Sotuélamos, del paso de la Virgen de Sotuélamos en sus traídas y llevadas a la iglesia parroquial para pedirle en rogativa que lloviese para regar nuestros campos.
En la misma calle se encontraba la casa del cura y en la esquina opuesta la peluquería de Alfonso y en la otra esquina la carpintería de Pedro Verdejo, que años después sería ocupada por la sastrería de Juan Agustín y Catalina Pérez, y al lado estaba la farmacia de don Martín Calero Carpintero, fundador de la misma en 1913, después serían don José y doña Petra quienes la regentaron y frente a la farmacia el comercio de ultramarinos de Juan “Tienda, que años después, en 1963, Joserra lo convertiría en bar, al cual con ambición, en honor a la calle, lo denominó “Bar Avenida”, actual cafetería Minerva.
Si la visita a la farmacia era motivo de alguna dolencia grave, la misma era aliviada adquiriendo las magdalenas que en la esquina con la Placeta de los Miramones cocía de forma artesanal Mercedes, la zorila. En la también llamada Placeta de la Virgen de los Dolores se localizaba el antiguo e innovador cine Solana, la peluquería de Ramón Alcarria y la casa señorial de los ricos hacendados don Ramón Palomar y doña Milagros Sánchez. Frente a la Placeta estaba la casa de don José Martínez Calero, Don Pepe, el ilustre y abnegado médico, al que posiblemente todos los bonilleros le debamos algo, por su dedicación y altruismo, pues sin importarle las condiciones climatológicas atendía a deshora, y sin necesidad de avisarle visitaba a sus enfermos. Cobraba poco y si recetaba no se excedía en las recetas, sabía más que de sobra de las condiciones económicas de su clientela. Don pepe falleció el 1 de septiembre de 1980 y el pueblo de El Bonillo, agradecido, rotuló con su nombre la antigua calle de la Tercia.
Pasada la calle Perdida, en la misma calle Magdalena, se ubicaban las dos posadas que regentaba la familia Uceda, la de Cesárea y la de Antonio Uceda, en esta última se daba el servicio de los caballos de la remonta, antes de que fuera trasladado a las tenerías y junto a la posada se localizaba el antiguo matadero municipal, que después sería la fragua de Pepe Eufrasio, regentada actualmente por mi amigo Cristóbal y junto a la misma la casa cuartel de la Guardia Civil, haciendo esquina con la actual calle Real, que antes fue de Alfonso XIII. En la acera de enfrente se localizaba, junto a la tarima, la gasolinera de Domingo Achau y en la misma acera la casa de Gabriel Escolástico Basete, bisabuelo de mis hijos, que se dedicaba a dar portes con un carro, después con un viejo camión que le fue requisado durante la guerra. Más adelante la zapatería de viejo y nuevo de José el Zorro y en el número 45 la casa de Dionisio y Amparo “Pelusa”, los padres de la voz de El Bonillo, los padres de Timotea, que en los años 60 HISPAVOX dejó grabada su voz, para la posteridad, en negra baquelita, tras obtener en Madrid el Grupo de Coros y Danzas de El Bonillo un segundo premio -a nivel nacional- en el concurso de Coros y Danzas, y junto a la casa de Timotea la antigua fábrica de gaseosas de Pedro Verdejo.
En la calle Magdalena surgieron otros negocios, algunos de ellos, con el paso del tiempo, han perdurado y otros han desaparecido: la tienda de Onorio en la esquina con la calle de don Pepe, la tienda de Julia próxima a la de Onorio, la tienda de Magdalena en la esquina con la calle Perdida, el super, los futbolines de Juan Angel, la heladería de Erenia, la carnicería de Maxi, el bar Sevilla, el pub Botticelli, la tienda de ropas Tokio, las tiendas de chucherías, el videoclub, etc., por algo ha sido la calle comercial de El Bonillo, la primera del pueblo que fue pavimentada y urbanizada en los años 60.
También fue testigo la calle del paso diario del terne a la capital, de mozos con destino a la caja de reclutas para cumplir el servicio militar, de viajes de soledades de emigrantes a Suiza, Francia y otros puntos de Levante, de los paseos de domingo, de declaraciones de amor de parejas de novios, al igual que la tarima del cuartel, donde los más mayores y no tan mayores siguen contando sus sueños, penas e ilusiones, al igual que antaño, en los escalones de la casa de don Pepe.
Antiguo Paso Munera, después calle de la Magdalena, rebautizada en 1928, para la feria del Cristo, con el nombre de General Primo de Rivera para celebrar los logros de la Dictadura. Durante la República se cambió de nombre y se le puso calle de Heriberto Otalo Muñoz, vecino del pueblo, tiroteado tras los trágicos sucesos acaecidos el Primero de Mayo de 1932, preludio de la cainita Guerra Civil. Finalizada la Guerra, ignorado el nombre del General y el del vecino, la calle siguió siendo nombrada como calle de la Magdalena y en los años 50 se propuso por el entonces alcalde Jesús Camacho Morcillo cambiarle nuevamente de nombre, en plena feria del Cristo, esta vez por Calle de D. Ramón Palomar Gonzalez, pero esta es otra historia.

jueves, 13 de junio de 2013

FIESTAS DE CETRO Y MITRA

-Artículo publicado en el Boletín de Noticias de El Bonillo, junio 2013-

Es posible que el almanaque de nuestro día a día, del quehacer diario, del que empieza con la salida del sol y termina con el toque de ánimas, no sea el mismo que el que marca el día de la celebración de nuestro cumpleaños, ni siquiera del día de nuestra onomástica, salvo que te bautizaran con el nombre del santo del día en que naciste. El almanaque que en los pueblos mide como pasan nuestras vidas, más que nuestros años, va unido a un arroz con patas que se hace para San Antón o a una bajada a San Sebastián a besar el dedico al santo para que no te de el garrotillo, a un jueves lardero para el día de la Candelaria, a una bata de enjablegar sacada de un baúl para vestirse de máscara, “hay que retorpe que no me conoces”, a una limosna para el día del Cristo una tarde de un cuatro de marzo, a una túnica de penitente recién planchada para una noche de jueves santo, a un toque de cencerros y campanillas para San Marcos, a una rogativa a la Virgen de Sotuélamos pidiéndole que llueva un primero de mayo, a una alfombra de tomillos y mejorana en la calle Contreras para el día del Corpus, pues tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión, a un acuerdo mediante un apretón de manos, a modo de contrato, para el día de san Pedro o a un trozo de rosca de caridad para san Antonio, a un escapulario que te ponían de chico el día de la Virgen del Carmen para que no te ahogaras en una alberca, a un montón de trigo par aventar en las eras con los remolinos de Santiago, a un enjalbriego del cinto para la feria, pues estaba puerco el del último verano, a unas luminarias de un 14 de septiembre y unos alpargates para cumplir aquella promesa de ir andando a Cortes y no enfadar a la Virgen, a un cesto de rosa para Santa Teresa dando voz al refrán de “santa Teresa rosa en mesa”, a unas mariposas en aceite para que las ánimas no penen en el mes de los santos y dejen tranquilos a los del más acá y a una palilla de tortas de chicharra hechas con la manteca del gorrino que se sacrificó llegando los primeros fríos del invierno pasando el día de la Pura.

Asi es nuestro ciclo vital, el que año tras año se repite -no con hojas del calendario, ni cumpleaños-, sino mediante celebraciones, costumbres y tradiciones que van pasando de padres a hijos y de madres a hijas, sucediéndose las mismas desde tiempo inmemorial, tal como un día lo hicieron nuestros antepasados, y así desde 1564 la procesión del Corpus se viene celebrando por las mismas calles de nuestro pueblo, desde la iglesia a la Plaza, pasando por la calle Contreras y Mayor hasta calle Santa Catalina, finalizando la misma cuando accede el cortejo por la puerta del Sol.

Es el mismo espacio con el mismo olor a mejorana y tomillo, los mismos altares en los mismos lugares, e incluso la misma colcha sacada del arca, heredada y colgada en los herrajes del balcón, que repite escena año tras año. Solo es el tiempo el que ha pasado, el que ha mudado las distintas generaciones en las calles para acompañar el cortejo, pero en la esencia la costumbre y tradición se mantienen igual que hace más cuatrocientos años.
-Calle Mayor, El Bonillo-

martes, 9 de abril de 2013

AL ORO DE LA LUMBRE

-Artículo publicado Boletín de Noticias, Enero 2013-
El rescoldo de la lumbre siempre era agradecido para entrar en calor. No sólo mantenía el puchero para que a fuego lento, poco a poco -a lo largo de la mañana-, engordase el caldo, sino que además sobre unas trévedes garantizaba que el cubo de zinc, tiznado en capas de negro hollín, siempre tuviese agua caliente para cualquier tarea de la casa.

Lo mejor es la lumbre, se repetía en todas las casas, y de la misma forma, como un simpecadoconcebida, se contestaba, pero por detrás estás “helao”, y así era.

La lumbre se sujetaba con paja, pues no era cuestión que el ceporro se consumiese en un “pis pas”, y la lumbre mortecina dejaba de ser sogato y rescoldo, ahogándose bajo la paja humeante, que solo apuntaba que la leña, casi apagada, estaba en combustión.

La lumbre todo lo purificaba y secaba, desde un mengajo a unas escuálidas morcillas resecas que pendían colgadas de una escarpia, confundiéndose con el humo del fraile que remarcaba el blanco enjalbiego del último verano, a modo de sombra chinesca.

En El Bonillo los frailes agustinos que pedían limosna por las calles, desde finales del siglo XVI, repartiendo los panecicos de San Nicolás de Tolentino, vestían con hábito negro, y algún recurrente y locuaz del pueblo identificó la silueta marcada por el humo en la pared del hogar con el contraste producido por el clero regular contra las fachadas encaladas del típico paisaje manchego.

Servían unos pocos sarmientos, medidos en un haz, para calentar el aceite, dorar un diente de ajo y hacer unas gachas, comidas en un corro, mojadas a destajo. Unos retamones, con restos de retama, para avivar el caldo en una sartén de patas. Algunas brasas, no muy fuertes, para asar unos boniatos o unos cascos de patata.

Sobre la ceniza mortecina se asaban unas setas, que solo sopladas y con una pizca de sal eran un delicioso bocado, el más sencillo y delicado de los manjares.

Servía la lumbre para mitigar el primer frío, cocer las cebollas, secar la matanza, hacer el fritorio o tostar un pedazo de pan, y a la noche un huevo asado, pasado por ceniza, que no por agua, o un chorizo envuelto en papel de estraza, que a la vez extraía su peor grasa.

Secaba los pañales del recién nacido, cabrillas apuntaba en las piernas de las jóvenes muchachas, calentaba a la abuela con su pañuelo cabizbaja, saltaban chispas y espantaba piernas, pues eran unas medias recién estrenadas y mientras tanto madre, en su regazo, un cuento nos contaba, cuando sonaba el reloj al toque de las ánimas.

Oreaba la cocina, secaba los lebrillos, aireaba, mojando en la sartén, la punta la navaja, y en la noche de reyes juntaba impares botas, brillantes y engrasadas, y a la mañana siguiente mostraba los regalos en sillas de peineta de jarras y ensogadas, un par de calcetines o un coche de hojalata.

Al levantarse, sobre la ceniza caliente se arrimaba un puchero de olor a café, que más que café sólo hervía maltas, y de paso aliviaba los fríos de una pelerina llena de copos, negra y empapada, dándose la vuelta, secándose la espalda.

Y a padre, cuando pillaba un catarro, bajaba las flemas con vahos de coyentera, aspirando en un cazo, debajo de una toalla, a base de sudores que el calor le arrancaba, oliendo aquella lumbre a azúcar muy tostada.

 Lumbre mortecina de planta baja,
con ceporros de enebro,
que en vez de dar calor sólo tiznaban.
Lumbre de pobres
que ya a padre no calientas,
y en lo días más fríos,
al oro postizo a todos arrimaba,
al oro de la lumbre,
al fuego de las llamas.

lunes, 3 de septiembre de 2012

SIN PRISAS

 -Artículo publicado en el Boletín de Noticias de El Bonillo, agosto 2012- 

Julio
            Es posible que esa sensación que a veces tenemos de que en el pueblo se detiene el tiempo no sea una sensación, sino una realidad, no solo porque se llega a tiempo a casi todas partes, sino porque todas partes están más cerca de lo que uno piensa. En el centro de salud a las ocho y media de la mañana un paciente que había solicitado una analítica estaba un poco nervioso, pues los turnos pasaban y a él no lo llamaban, se dirigió a D. Juan, el practicante, y D. Juan le indicó amablemente que no estaba en la lista, -¿pero cómo no voy a estar en la lista si tengo cita para el jueves 12 a las ocho de la mañana?-, insiste el paciente. -Hoy estamos a diez de julio- le aclaró D. Juan, y así era, por una equivocación el paciente se había adelantado dos días para no hacer tarde y llegó a su cita el día 10 de julio, día de San Cristóbal, dos días ante de que le tocase hacerse la analítica, todo debía de ser de lo más normal, pues también el día de San Cristóbal se había adelantado y celebrado dos días antes de su onomástica, y así se celebró el sábado 8 de julio.
            Sin prisas, todo sin prisas, pues aún tuve tiempo, después de llevar a mi madre al médico, de recoger el pan, comprar en casa de Natalio, asistir a un funeral, saludar a unas primas de mi mujer y recoger el periódico, las diez y media de la mañana, no en el reloj de la torre, sino en Sol radio de El Bonillo, que sonaba en el hilo musical de la cocina de casa, mientras tomaba un cola cao con mis hijos. -Papá han apagado las gallinas- me indica mi hija Carla, pues este año no se oían los gallos en el corral de mi vecino Francisco, -no hija las gallinas no se apagan, pues no gastan pilas y no se oyen porque las han llevado al campo -le indiqué-, las once menos cuarto de la mañana y el tiempo pasa, pero sin prisas, juntando a amigos de infancia, entrados ya en edad, en los bancos de la plaza. El reloj de la torre marca en lentas campanadas otra hora más del día, las once de la mañana, al parecer en Europa, con prisas, la prima de riesgo se desbocaba. 

    
            Agosto
            Y llegó la feria, puntual chupinazo a las siete de la tarde, eso sí con más calor de lo habitual, otro año más nos vemos y nos saludamos en ese gran pasillo que durante unos días une nuestras casas, en la calle de la Magdalena, allí nos saludamos todos, venidos de todas partes, de Suiza a El Bonillo pasando por Cataluña, País Vasco-Madrid, Valencia-Alicante y también de Andalucía. La crisis no es la causante de hacernos volver a los pueblos cada año, nos hace volver la familia, los amigos y algo innato que te acerca a aquellos primeros recuerdos de la niñez, a aquellas primeras ferias cogido de la mano de tu padre tentando la suerte al corte de la navaja que ofrece un navajero procedente de Infantes, a las primeras salidas fuera de hora, a la estrena de unos zapatos de reluciente charol que se hincan y no protestas, al tren de Cartola que nos molía a escobazos, a las voladoras de Fuente Álamo, a un cúmulo de sensaciones irrepetibles que año tras año, sin prisas, te atan y devuelven al terruño que te vio nacer.
            Vestidos de domingo contemplamos las carrozas el día de la apertura, es diez de agosto, la banda de música reaviva el ambiente, no hay sitio en las terrazas y la chocolatería a las dos de la mañana es un hervidero de gente. Cucaña, gymkhana, vaquillas, competiciones, cuenta cuentos, exposiciones, así es la feria. ¡Impresionante! la exposición de “Fauna de Albacete”, en acuarelas, de Jesús Alarcón Utrilla. Celtas Cortos convenció a los que un día conocimos una marca de tabaco con nombre similar al del grupo, antes de que el tabaco matase, -Bonillo-Nación-Anarquía-, repetía una y otra vez el guitarrista Jesús Cifuentes, incongruencias de la edad. La Pegatina convenció a los que no sabían que Celtas Cortos también era una marca de tabaco, el chester obrero, y llenaron el pabellón hasta las asas y el grupo de teatro el Requete fue la delicia de una plaza llena de gente, donde todos disfrutamos y reímos con la bruja y don Conrado y no hicieron viajar con el popurrí musical del baúl de los recuerdos, hasta el punto de que uno de los actores nos tuvo que invitar a dejar los asientos, pues aunque el sainete había terminado el público aún quería más, y allí bajo una noche estrellada salpicada de luces de feria, en una estampa vandelviresca, nadie tenía prisas por abandonar la plaza. 

martes, 27 de septiembre de 2011

TRADICIONES

-ARTÍCULO PUBLICADO EN EL BOLETÍN DE NOTICIAS DE EL BONILLO-
             La pasada feria de tradiciones, invitado amablemente por el Excmo. Ayuntamiento, tuve la oportunidad de hablar sobre la industria del transporte, desde la antigüedad, en El Bonillo, vinculado al continuo trasiego realizado por carreros, arrieros y trajinantes de los diversos productos que se producían en nuestro pueblo: cal de las caleras de la dehesa boyal para materiales de construcción, barro de los barreros para tejas y adobes, carbón y picón de las carboneras con destino a la Villa y Corte de Madrid, piedra de las canteras de Sages para pilas y brocales, toba para los suelos procedente de los terreros existentes en la carretera de Ossa de Montiel, miera de los enebros para curar la roña de los ganados, yeso de la Moheda, sal de Pinilla con destino a Andalucía y Extremadura, madera de las sabinas con destino a la industria naval en Cádiz, etc.
            Durante la disertación recité un cantar o dicho popular de aquella época, cantado por arrieros y jornaleros tras la posguerra, que de alguna forma reflejaba los avatares del acarreo en esos años.  Tras finalizar el acto algunos vecinos se acercaron indicándome que recordaban haber oído, de pequeños, la letrilla de la canción en aldeas y cortijos, sobre todo por la zona de los cuartos de Munera. Particularmente Puri Martínez me insistió sobre la posibilidad de disponer del citado cantar, pues la letra hace referencia a sus antepasados, comerciantes procedentes de Valencia afincados en el pueblo que vendían cacharros de loza, la familia del “Ches”. La canción también cita la importante tienda de ultramarinos que por esos años regentaba en el pueblo Pedro Marín, donde había de todo o casi de todo, pues sombreros no tenía.    
                                  
                                   Hemos estao en la aceituna,
                                   donde hemos pasao el invierno,
hemos ganao tres mil reales
y hemos comprao el burro negro,
y la albarda nos la dieron.

El bozo y la cabezá,
‘le’ tuvimos que comprar.
Las agüeras las hicimos
antianoche allí en un rato,
como nos íbamos a venir,
para poder traer el hato.

La guitarra la compramos
al pasar por La Solana,
las hoces y los manguitos
y dedales de badana.

Albarcas no las compramos,
que no tenía el gorrionera
de “en ca” Pedro Marín gorra,
al pasar por El Bonillo,
nos compramos estas gorras
(que sombreros no tenía)

La bombona la compramos
al pasar por El Bonillo,
de “en ca” el Ches, el cacharrero,
este vaso y el lebrillo.

Esta sartén y caldera
son de una fundición,
y un herrero de El Bonillo
nos ha dao este cucharón.  (Popular)

Ramón Fernández Chillerón

miércoles, 6 de julio de 2011

El Bonillo. Feria de Tradiciones (26 de junio 2011)

 La pasada feria de tradiciones, invitado amablemente por el Excmo. Ayuntamiento, tuve la oportunidad de hablar sobre la industria del transporte -desde la antigüedad- en El Bonillo, vinculado al continuo trasiego realizado por carreros, arrieros y trajinantes de los diversos productos que se producían en nuestro pueblo: cal de las caleras de la dehesa boyal para material de construcción, barro de los barreros para tejas y adobes, carbón y picón de las carboneras de los distintos montes, piedra de las canteras de Sages para pilas y brocales, toba para los suelos de los terreros, miera de los enebros para curar la roña de los ganados, yeso de la moheda, sal de Pinilla, madera de las sabinas con destino a la industria naval en Cádiz, etc.
            También hablé de los diferentes planes de obras públicas vinculadas a la industria del camino, de cómo se transformaron los caminos carreteros y de herradura en carreteras de tercer y segundo orden y de cómo surgió una prolífica industria de elaboración de carros y galeras, desarrollándose oficios artesanales de carreteros de hacha, guarnicioneros, aperadores de carretas, herreros, etc. .
Desde estas lineas mostrar mi gratitud a los vecinos y vecinas que me acompañaron durante la ponencia, en los soportales del Ayuntamiento, mostrando gran interés por la industria del transporte y los distintos oficios artesanales vinculados a la misma, hoy ya desaparecidos.

jueves, 31 de marzo de 2011

PRESENTACIÓN DEL LIBRO LOS ARMAOS DE EL BONILLO -GUARDIA, SOLDADESCA Y COMPAÑÍA- HISTORIA DE UNA HERMANDAD

           El pasado sábado 26 de marzo del 2011 tuve el placer de presentar en la Casa de Cultura de El Bonillo (Albacete) el libro titulado:


Los “Armaos” de El Bonillo
– Guardia, Soldadesca y Compañía –
Historia de una Hermandad”


            Editado por la Asociación Socio-Cultural Hermandad de Armaos, en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de El Bonillo.

            El Libro fue presentado por la escritora Yolanda Sáenz de Tejada.
            
           Al acto asistieron, entre otros, D. Manuel García García, Hermano Mayor de la Hermandad de la Macarena de Sevilla, D. Francisco José Muñoz García, Diputado Mayor de Gobierno de la también Hermandad Sevillana de las CigarrerasD. José Antonio Castellanos López, Doctor en Historia por la Universidad de Castilla-La Mancha y autor del exquisito prólogo que figura en el libro. En representación del Ayuntamiento de la localidad, asistió su Alcalde D. Juan Gil Gutiérrez que clausuró el acto y la Concejal de Cultura Dª. Pilar Sierra, así como el resto de miembros de la Corporación Municipal y Autoridades de El Bonillo.

            El acto fue Conducido, de forma extraordinaria, por mis buenos amigos Chema y Nacho Matamoros y presidido por el Presidente de la Hermandad de Armaos de El Bonillo, D. Francisco Garrido Utrilla, el Vicepresidente D. Vicente Hidalgo Sierra y demás miembros de la Junta Directiva:
D. Juan Manuel Garrido Matamoros. Secretario.
D. Jesús Fernando García Azañón. Tesorero (excusó su presencia).
D. Elpidio Matamoros Mora. Vocal.
D. Ignacio Matamoros Mora. Vocal.
D. Alfonso Jaén Rodríguez. Vocal.
D. Antonio José Fernández Moreno. Vocal.
D. Cristóbal Gil Castañeda. Vocal.
D. Miguel Ángel Escolástico Martínez. Vocal.
D. Sergio Escolástico López. Vocal.

            Estuvieron presentes, el Presidente de la Junta de Cofradías, D. Francisco Galdón y los representantes de las diferentes Hermandades y Asociaciones de El Bonillo, así como el torero albacetense Sergio Serrano, familiares, amigos y un nutrido grupo de vecinos de El Bonillo, que abarrotaba la Casa de Cultura y que quisieron arroparme durante la presentación del libro.

            Desde estas líneas quiero agradecer, en primer lugar, a todos los vecinos de El Bonillo la inmensa muestra de cariño mostrada a lo largo de todo el acto y las numerosas felicitaciones recibidas por parte de ellos, así como de la mayoría de los representantes de las distintas Asociaciones Locales y Hermandades de nuestro pueblo. Hacer mención del emotivo detalle que me entregó D. Ángel Morcillo Ordóñez, Presidente de la Asociación de Conductores "San Cristóbal", y que guardaré con mucho cariño.

            Quiero dar las gracias públicamente al Excmo. Ayuntamiento de El Bonillo por su inestimable ayuda, a los responsables de las concejalías de Cultura y Patrimonio, y en particular a su alcalde, D. Juan Gil Gutiérrez, por su atención y disponibilidad mostrada en todo momento para la realización de la presente publicación, pues, sin lugar a dudas, la continua labor realizada desde el Consistorio, en favor de la Semana Santa local, queda de manifiesto en actuaciones como ésta, encaminadas a la divulgación del rico Patrimonio Histórico y Cultural de nuestro pueblo y particularmente de la Hermandad de “Armaos” de El Bonillo.

            Agradecer a Yolanda Sáenz de Tejada, escritora y madrina del concurso Internacional de poesía que se celebra en nuestro pueblo, el cual lleva su nombre, su grata contribución en la presentación de este libro, siendo una gran satisfacción para el que suscribe estos renglones el haber contado con la presencia de una escritora de renombre internacional en un día tan importante para mi. Gracias Yolanda por tus elocuentes palabras de presentación, las mismas incentivan mi labor creativa y suponen un claro reconocimiento del trabajo y continuo esfuerzo realizado por los miembros de la Asociación de Armados.

            Mostrar mi gratitud a D. José Antonio Castellanos López, Doctor en Historia, profesor universitario, investigador y escritor, por su atención y disponibilidad para prologar esta obra. Su eminente cualificación profesional, junto al rigor histórico que le caracteriza, enriquece, de forma extraordinaria, el contenido del presente libro. La elocuencia y disciplina de su disertación es, sin duda alguna, un inestimable estímulo para el que suscribe estos renglones y un docto privilegio para los “Armaos” de El Bonillo, pero son sus gratas y sentidas palabras las que me honran y enorgullecen en lo personal. Sirva mi agradecimiento como muestra de amistad.

            Dar las gracias a D. Manuel García García, Hermano Mayor de la Hermandad de la Macarena y mejor amigo, por su afecto y por las sinceras y emotivas palabras de felicitación. Las mismas, escritas desde el templo de la Esperanza, alientan y reconfortan a los Armaos de El Bonillo. Gracias por compartir un sentimiento Macareno con la emoción viva de toda una Hermandad, mostrarte mi respeto, afecto y amistad, a ti y a toda tu familia por acompañarnos en la presentación del libro.

            Dar las gracias a D. Francisco José Muñoz García, Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad de las Cigarreras y mejor persona. Tu presencia en El Bonillo y la de tu familia enaltece hasta lo más alto a los Armaos de El Bonillo. Las Cigarreras y su música son una continua referencia y un sentimiento vivo en la Banda de Cornetas y Tambores de la Hermandad. Sirvan estas palabras como muestra de agradecimiento y amistad.

            Agradecer las felicitaciones recibidas de D. Emilio Avilés Yébenes, Cura Párroco de la Parroquia de Santa Catalina, de Dª Rita Blázquez Alfaro, directora de Caja Castilla La Mancha, de D. Luis Martínez Calero, Presidente de la Peña Amigos de El Bonillo en Alicante y de todos los particulares que a lo largo de estos días se han querido congratular conmigo a través de correos o teléfono. Agradecer a Josefa Santos, Fernanda Azañón, Luciana Herrera, María Vicenta Hernández, Fuensanta Jiménez, María del Señor Sierra, e hijos de Victoria Garrido, su colaboración en el documental proyectado para ayudarnos a conocer la intrahistoria de los Armaos. Mostrar igualmente mi gratitud a don D. Juan Aroca Jiménez, por su colaboración en esta publicación y agradecer la disponibilidad ofrecida, desde el Ayuntamiento, por D. Ovidio Sánchez y D. Olallo Escudero.

            Sirva el presente libro como reconocimiento del gran legado fotográfico dejado y realizado, a lo largo de los años, por la familia Angulo, conservándose por los particulares de forma dispersa, sin el cual la Historia no sería vista de la misma forma. Dar las gracias a D. Luis García Solana, cuyo archivo fotográfico -de imágenes de la Semana Santa local- ha enriquecido, notablemente, la presente publicación. Agradecer a D. Carlos Escolástico Garví la magnífica colección de fotografías realizadas de manera desinteresada, desde el año 2007 al 2009, pues, sin lugar a dudas, ha mostrado otra forma de ver los “Armaos”. Carlos excusó su presencia en el acto por motivos laborales, no obstante ha insertado en su página Web, carlosescolastico.com , un enlace donde estarán disponibles todas las fotografías por él realizadas y publicadas en el libro, las cuales podrán ser compartidas por todos, en descarga gratuita, hasta la semana santa.

            Felicitar al estudio de fotografía MARQUEX FOTOGRAFO, y en particular a mis buenos amigos María Ángeles y Fernando Velasco Márquez, fotógrafos y artistas gráficos, por la magnífica portada realizada para el libro, acercándonos visualmente -de forma inmediata- la intrahistoria de los Armaos, así como por su inestimable esfuerzo para que muchas de las fotografías antiguas, deterioradas por el tiempo, sean vistas como en su primera exposición.

            Dar las gracias a mi buen amigo Toché, por el gran despliegue realizado, en distintos medios de comunicación, para publicitar el acto de presentación de libro. Agradecer a las cadenas: Radio Almenara, Sol Radio y Punto Radio las entrevistas realizadas para la difusión del libro, así como a La Tribuna de Albacete y La Verdad de Albacete por los artículos publicados sobre el evento, amén de las numerosas citas en foros cofrades y blogs particulares que han hecho publicidad del acto y particularmente al blog de la Biblioteca Municipal "Don Enrique Játiva Moral" de nuestro pueblo.

            Felicitar a los Hermanos Armaos por la magnífica organización y puesta en escena del acto: guardias del escenario, proyecciones, magníficos versos recitados por Cristóbal Gil y un extraordinario Concierto interpretado por la Banda de Cornetas y Tambores de la Hermandad que maravilló de manera extraordinaria a un agradecido público, que aplaudió hasta la saciedad. Felicitar al Jefe de Banda, Cabo Tambores, Directores Musicales y componentes de la Banda.

            Agradecer las muestras de afecto y cariño mostradas en todo momento por  los miembros de la Junta Directiva de la Asociación Socio-cultural Hermandad de Armaos de El Bonillo, en particular por la confianza depositada en mí para escribir el presente libro. Felicitarles por su decidida apuesta de dar a conocer el rico legado histórico de la Hermandad y mostrar mi máximo respeto y reconocimiento a todos los Armaos de El Bonillo.

            No puedo terminar el presente escrito sin manifestar que ha sido   para mí un alto honor el reconocimiento realizado por la Junta Directiva de la Asociación Socio-Cultural Hermandad de Armaos de El Bonillo, la cual, tras Cabildo extraordinario, y en aplicación del artículo 22 de los Estatutos de la Asociación decidió nombrarme "Armao Honorífico", particular éste que me enorgullece de manera extraordinaria, por lo que conlleva el pertenecer a esa gran familia que son los Armaos de El Bonillo.

            Por último dar las gracias, muy especialmente, a mis hijos: Ana, Juance y Carlita, por el tiempo que les he restado –sin querer-, pero sobre todo a Ana Belén, mi mujer, que me escucha, me lee, me corrige y me ayuda en todo lo posible, haciendo que el presente libro sea una realidad.          
           Concluir con el primer verso de un emotivo poema de agradecimiento, escrito y dedicado por Caridad Herrera Serrano, el cual me sonroja y me conmueve enormemente, pues Caridad, además de tener unas excelentes manos para bordar y dibujar, escribe con el corazón, con la sencillez del pueblo. El poema empieza así:
“Gracias por tu hermoso recuerdo…”

Ramón Fernández, Juan Gil, Yolanda Sáez de Tejada y Manuel García

El autor del libro Ramón Fernández junto al alcalde de El Bonillo Juan Gil

Visita al museo de El Bonillo. Cuadro del Milagro del Cristo, de Vicente López  
            Nota: Tras la presentación del libro fue inaugurada la exposición, “Monumento”, por el alcalde de El Bonillo, el Hermano Mayor de la Macarena y el Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad de las Cigarreras, después se sirvió un vino de honor en los bajos de la Casa de Cultura. Los invitados de Sevilla, el sábado por la mañana, visitaron la Oficina de Turismo interesándose por los antiguos telares y pasearon por el Conjunto Histórico de nuestro pueblo. Al día siguiente visitaron la iglesia de Santa Catalina y Museo del Greco. Agradecer desde estas líneas a la Cofradía del Cristo su disponibilidad para la visita guiada del Museo.

Ramón Fernández Chillerón
y

miércoles, 19 de enero de 2011

El Bonillo. Era por Pascua

       Publicado en el "Boletín de Noticias de El Bonillo" Diciembre/2010
          Era por pascua. La casca fermentada hervía lentamente en calderas de cobre estañadas, lanzando efluvios de vapor, rindiendo culto a Baco. El aguardiente fluía denso y transparente en bombonas forradas de tomizas de esparto.
         Llegaba la Pura y los camales, colgados-descansados, esperaban la faena del diestro matachín. El pueblo quedaba impregnado de olor a cebollas cocidas, especias, gachas, ajo pringue y catas de fritorio del “mataero”.
         Vecinos afanados entraban y salían, deshaciendo -porte a porte- un cerro de leña de carrasca y chasca fina. Cortezas y hojarascas, barridas de la calle, avivaban el sagato y subían -con copas de cazalla- colores en mejillas.
         Pasaba la Pura y las calles, envueltas en niebla glasé, se llenaban de palillas que olían a gloria bendita, cuchiflitos, mantecados, suspiros, tortas de naranja y de manteca -con chicharras-, para calentar al oro de la lumbre.
         Sonidos idiófonos de zambombas, pandero, botella y almirez, anunciaban, en las misas de gozos, que la Pascua estaba al caer.
         El pastor en su “Rieju” -piloto noctámbulo- vestido con morral, zamarra y mono, desafiaba -calle Magdalena- navajas punzantes en forma de chupetes y al mismo Terne, en el 70, camino de Albacete.
         Son las doce y el culo de la pila del corral es un témpano sin retorno, hoy tampoco se deshace. 
         Una algarabía de niños envueltos con verdugos tapabocas -de vaho helado-, cartera y notas en mano, corrían a sus casas con las manos gélidas, en busca del rescoldo de la estufa.
         El hervor del puchero levantaba panecillos de un potaje inmerso en reflejos de azafrán -a destiempo, no es viernes santo-, y anuncia que Dios, antes de morir, tiene que nacer.
         Los primeros hielos alertaban de la llegada del invierno y el cierzo traía frío en forma de chuscas de nieve,  cuajando, poco a poco,  las ramas de un pimpollo de sabina -plantado en medio de la plaza-, rodeado de mortecinas  luces amarillas.
         La madre daba forma a una rama de barda estrellada, para cobijar el Misterio del Dios de los hombres. La abuela liaba entre sus manos una oveja de algodón en rama y a la par canturreaba un aguilandero de versos imposibles que nadie escribió, de aquellos que aprendió de los labios de su madre, tal como lo cantaron los pastores -hace más de dos mil años- al niño Manuel:
“Pues dígale algo, pues que le diré,
capotes sin mangas, yo se las pondré..”
Felices pascuas.

 © Ramón Fernández Chillerón


Plaza de El Bonillo nevada