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viernes, 9 de diciembre de 2016

CALLE MAGDALENA

La calle Magdalena fue testigo mudo de muchos de los acontecimientos de la vida de nuestro pueblo y posiblemente por ella, a soles pones de un mes de agosto de 1626, el franciscano bonillero Pedro Carralero entró portando a lomos de su mula la cruz del santísimo Cristo de los Milagros cuando venía de Roma, en dirección a la casa de sus parientes que vivían en la calle del Barranco. Por esta misma calle desfilaron galeras y carros cargados de grano camino de las tercias sitas en la actual calle don Pepe, donde se recaudaba el diezmo que había de pagarse como tributo e impuesto al Estado y a la Iglesia, cuyo destino era el arzobispado de Toledo y la iglesia catedralicia de Alcalá de Henares.
Y seguramente por ella pasó montado en su mula Basilio “el pobre”, ya casado con la bella Quiteria, tras burlar al rico Camacho, para dar gracias al cura de El Bonillo (don Pedro López Segura), por haber realizado los desposorios, e irían acompañados de don Quijote y Sancho, que hospedados por los recién casados en su casa a cuerpo de rey, partirían camino a la cueva de Montesinos.
También por el paso Munera pasaron carros llenos de trigo requisados por los franceses en las eras de nuestro pueblo, tras haber sido asediado el pueblo durante la invasión francesa, y fue testigo la calle de la manifestación obrera de un primero de mayo de 1932 en la que resultó muerto el guardia civil Ignacio Vecina Romero, herido gravemente el sargento de la Benemérita Antonio Gómez Relaño y detenidas 27 personas, para las que se pedía desde la cadena perpetua a la pena de muerte. La calle de autos, en particular la esquina de la calle del cura Cucharro, fue fotografiada por los principales diarios nacionales.
Finalizada la guerra la calle se engalanó para conmemorar el tercer centenario del Cristo de los Milagros. También fue la calle testigo, a partir de los años 50, una vez realizada la carretera de Sotuélamos, del paso de la Virgen de Sotuélamos en sus traídas y llevadas a la iglesia parroquial para pedirle en rogativa que lloviese para regar nuestros campos.
En la misma calle se encontraba la casa del cura y en la esquina opuesta la peluquería de Alfonso y en la otra esquina la carpintería de Pedro Verdejo, que años después sería ocupada por la sastrería de Juan Agustín y Catalina Pérez, y al lado estaba la farmacia de don Martín Calero Carpintero, fundador de la misma en 1913, después serían don José y doña Petra quienes la regentaron y frente a la farmacia el comercio de ultramarinos de Juan “Tienda, que años después, en 1963, Joserra lo convertiría en bar, al cual con ambición, en honor a la calle, lo denominó “Bar Avenida”, actual cafetería Minerva.
Si la visita a la farmacia era motivo de alguna dolencia grave, la misma era aliviada adquiriendo las magdalenas que en la esquina con la Placeta de los Miramones cocía de forma artesanal Mercedes, la zorila. En la también llamada Placeta de la Virgen de los Dolores se localizaba el antiguo e innovador cine Solana, la peluquería de Ramón Alcarria y la casa señorial de los ricos hacendados don Ramón Palomar y doña Milagros Sánchez. Frente a la Placeta estaba la casa de don José Martínez Calero, Don Pepe, el ilustre y abnegado médico, al que posiblemente todos los bonilleros le debamos algo, por su dedicación y altruismo, pues sin importarle las condiciones climatológicas atendía a deshora, y sin necesidad de avisarle visitaba a sus enfermos. Cobraba poco y si recetaba no se excedía en las recetas, sabía más que de sobra de las condiciones económicas de su clientela. Don pepe falleció el 1 de septiembre de 1980 y el pueblo de El Bonillo, agradecido, rotuló con su nombre la antigua calle de la Tercia.
Pasada la calle Perdida, en la misma calle Magdalena, se ubicaban las dos posadas que regentaba la familia Uceda, la de Cesárea y la de Antonio Uceda, en esta última se daba el servicio de los caballos de la remonta, antes de que fuera trasladado a las tenerías y junto a la posada se localizaba el antiguo matadero municipal, que después sería la fragua de Pepe Eufrasio, regentada actualmente por mi amigo Cristóbal y junto a la misma la casa cuartel de la Guardia Civil, haciendo esquina con la actual calle Real, que antes fue de Alfonso XIII. En la acera de enfrente se localizaba, junto a la tarima, la gasolinera de Domingo Achau y en la misma acera la casa de Gabriel Escolástico Basete, bisabuelo de mis hijos, que se dedicaba a dar portes con un carro, después con un viejo camión que le fue requisado durante la guerra. Más adelante la zapatería de viejo y nuevo de José el Zorro y en el número 45 la casa de Dionisio y Amparo “Pelusa”, los padres de la voz de El Bonillo, los padres de Timotea, que en los años 60 HISPAVOX dejó grabada su voz, para la posteridad, en negra baquelita, tras obtener en Madrid el Grupo de Coros y Danzas de El Bonillo un segundo premio -a nivel nacional- en el concurso de Coros y Danzas, y junto a la casa de Timotea la antigua fábrica de gaseosas de Pedro Verdejo.
En la calle Magdalena surgieron otros negocios, algunos de ellos, con el paso del tiempo, han perdurado y otros han desaparecido: la tienda de Onorio en la esquina con la calle de don Pepe, la tienda de Julia próxima a la de Onorio, la tienda de Magdalena en la esquina con la calle Perdida, el super, los futbolines de Juan Angel, la heladería de Erenia, la carnicería de Maxi, el bar Sevilla, el pub Botticelli, la tienda de ropas Tokio, las tiendas de chucherías, el videoclub, etc., por algo ha sido la calle comercial de El Bonillo, la primera del pueblo que fue pavimentada y urbanizada en los años 60.
También fue testigo la calle del paso diario del terne a la capital, de mozos con destino a la caja de reclutas para cumplir el servicio militar, de viajes de soledades de emigrantes a Suiza, Francia y otros puntos de Levante, de los paseos de domingo, de declaraciones de amor de parejas de novios, al igual que la tarima del cuartel, donde los más mayores y no tan mayores siguen contando sus sueños, penas e ilusiones, al igual que antaño, en los escalones de la casa de don Pepe.
Antiguo Paso Munera, después calle de la Magdalena, rebautizada en 1928, para la feria del Cristo, con el nombre de General Primo de Rivera para celebrar los logros de la Dictadura. Durante la República se cambió de nombre y se le puso calle de Heriberto Otalo Muñoz, vecino del pueblo, tiroteado tras los trágicos sucesos acaecidos el Primero de Mayo de 1932, preludio de la cainita Guerra Civil. Finalizada la Guerra, ignorado el nombre del General y el del vecino, la calle siguió siendo nombrada como calle de la Magdalena y en los años 50 se propuso por el entonces alcalde Jesús Camacho Morcillo cambiarle nuevamente de nombre, en plena feria del Cristo, esta vez por Calle de D. Ramón Palomar Gonzalez, pero esta es otra historia.

sábado, 31 de agosto de 2013

FELICIDADES LUIS ALBERTO

El pasado 23 de agosto Luis Alberto Martínez, titular de la farmacia de la calle Magdalena, junto a familiares y amigos realizó un bonito acto de celebración del centenario aniversario de la farmacia que actualmente regenta.
El acto fue dirigido y presentado por Felix, trabajador de la farmacia, en una calle engalanada para la ocasión, donde no faltó ni la tradicional cuerva manchega. Luis Alberto agradeció publicamente la gran asistencia de público, autoridades, asociaciones locales y amigos. Emocionado felicitó a sus padres por los cincuenta años de servicio público, indicando que junto a su fundador han sido uno de los pilares fundamentales de la farmacia, siendo los mismos homenajeados durante el acto.
Durante el mismo Maria Gloria Fernández Mora recitó- unos poemas de rebotica y el que suscribe estos renglones trató de recordar los cien años de farmacia en El Bonillo vinculados a diversos acontecimientos históricos de los que fue testigo la calle Magdalena.
El acto fue clausurado por la Presidenta del Colegio Oficial de Farmaceúticos de Albacete, doña Rosa López-Torres.
Los asistentes dejaron sus felicitaciones en un libro de firmas dispuesto en un atril junto al acceso a la farmacia.
Al finalizar el acto se sirvió un vino de honor en la cafetería Minerva para los asistentes.
Felicidades Luis Alberto, pues los aniversarios son para conmemoralos  y conmemorar es recordar y recordar es hacer memoria, memoria de un tiempo que fue, y así mediante recuerdos y añoranzas evitamos que el pasado caiga en el olvido. Felicidades Luis Alberto
Don José Martínez, titular de la farmacia durante cincuenta años


Cumple un siglo la farmacia de calle Magdalena


En el año 1711 ya existía una importante botica en el pueblo, la misma era regentada por el boticario don Juan Alvarez, donde se dispensaba un gran número de preparados y recetas: aceites, purgantes, elixires, emplastos, gomas, sales, trociscos, unguentos etc. además contaba con una notable biblioteca, entre sus volúmenes se encontraban obras de farmacopea y ciencias experimentales, un curso químico del francés Nicolas Lemery, Boticario Real, y varios tratados de farmacopea Valentina y de Leache.

Para el año 1752, en el Catastro del Marqués de la Ensenada, figuran dos boticas en el pueblo, las cuales eran regentadas por boticarios aprobados: don Diego Ruiz Melgarejo, al que se le regulaba de utilidad anual 9000 reales, y don Juan Francisco Ramirez al que se le regulaba 6500 reales, -un maestro herrero, de obras o carretero cobraba cinco reales diarios-, ¡como para ponerse malo!

En el año 1876 en el diario “El Imparcial” se anunciaba que en la botica de El Bonillo, propiedad de don Calixto Grueso, se expedía Café Nervino Medicinal, de receta arabe, y siete años después, el día primero de octubre de 1883, en ese mismo diario se anunciaba la venta de la botica del pueblo. Se enajenaba al contado por tener que ausentarse su dueño; el precio equivalía a la caja del despacho anual, 6000 de las antiguas pesetas, 24000 reales, unos 36 euros. Para mayor información los compradores debían de dirigirse a un tal Miguel Muñoz, y así en agosto de 1890 ya figura como licenciado de la misma don Daniel Céspedes, que precisaba de regente para atenderla.

A principios del siglo XX la botica se localizaba en la calle Contreras, en la esquina opuesta a la fonda de Santiago -antigua fonda de la Gabina-, y era regentada por la familia Aparicio, por un tío de Candida Aparicio, “las médicas”. Desconozco hasta que año la regentó, pues para marzo de 1910, en el diario “El Siglo Futuro”, se ofrecía la vacante de plaza de farmaceútico titular de El Bonillo con sueldo anual de 750 pesetas, y para el año 1913 figura como titular de la farmacia el licenciado D. Martín Calero Carpintero, que cursó estudios de Farmacia en la Universidad de Madrid, estableciéndo el despacho en la calle de La Magdalena, en el mismo lugar que se encuentra ubicada en la actualidad.

Don Martín no tuvo hijos y regentó la farmacia hasta el año 1958. Cuando viajaba en el “Terne” a la capital reservaba -el día de antes- el primer asiento y dada las características de su trabajo, que le permitía no tener que madrugar, comentaba a mi suegro -que era el conductor del autobus- “Cortes: los únicos días que veo salir el sol es cuando voy a Albacete”.

Don Martín, rodeado del botamen de farmacia, entre frascos, botes, pipetas, morteros y recipientes, elaboraba unguentos, aceites, comprimidos, alcoholes, bálsamos, etc. para su distinguida clientela. Escribía don Enrique Játiva, con ese humor manchego que le caracterizaba, que un día se presentó en la farmacia una criada a la que le había pegado su novio unas “purgaciones” y cuando dió la receta del médico para que le despachara el boticario, dijo “son pa mi señorita, sabe usted”, y don Martin se quedó haciendo cruces.

En los años 50 en la placeta de La Pura se abrió una nueva farmacia en el pueblo, la de don Joaquín Utrilla, que estuvo funcionando hasta la década de los años 70 del pasado siglo, pero esa es otra historia.


Martin Calero Carpintero
Y fue en el año 1958 cuando don José Martínez García, sobrino nieto de don Martin, se hizo cargo de la farmacia de la calle Magdalena. Casado con doña Petra, también farmacéutica, atendieron la farmacia durante medio siglo, hasta el año 2008, año en el que don José se jubiló, dedicando toda su vida -con pasión- al mundo de la farmacia. En esos cincuenta años don José fue testigo de cómo los medicamentos dejaron de elaborarse manualmente, llegando éstos envasados, listos para dispensarse. Y los antiguos albarelos quedaron de adorno en los estantes de la farmacia, multiplicándose en los indiscretos espejos que franquean la zona de despacho. Y detrás de los espejos, en la rebotica, María Gloria Fernández -auxiliar de la farmacia durante más de 35 años-, entre despacho y despacho, daba rienda suelta a su imaginación escribiendo bellos y entrañables poemas.

Tras la jubilación de don José ha sido el menor de sus hijos, Luis Alberto, el que ha asumido la titularidad de la farmacia de la calle Magdalena, y en este año 2013 solo queda felicitarlo por el centenario aniversario. Luis Aberto ¡felicidades! te va a tocar pagar una ronda, mejor de quina que de aspirinas.

jueves, 13 de junio de 2013

FIESTAS DE CETRO Y MITRA

-Artículo publicado en el Boletín de Noticias de El Bonillo, junio 2013-

Es posible que el almanaque de nuestro día a día, del quehacer diario, del que empieza con la salida del sol y termina con el toque de ánimas, no sea el mismo que el que marca el día de la celebración de nuestro cumpleaños, ni siquiera del día de nuestra onomástica, salvo que te bautizaran con el nombre del santo del día en que naciste. El almanaque que en los pueblos mide como pasan nuestras vidas, más que nuestros años, va unido a un arroz con patas que se hace para San Antón o a una bajada a San Sebastián a besar el dedico al santo para que no te de el garrotillo, a un jueves lardero para el día de la Candelaria, a una bata de enjablegar sacada de un baúl para vestirse de máscara, “hay que retorpe que no me conoces”, a una limosna para el día del Cristo una tarde de un cuatro de marzo, a una túnica de penitente recién planchada para una noche de jueves santo, a un toque de cencerros y campanillas para San Marcos, a una rogativa a la Virgen de Sotuélamos pidiéndole que llueva un primero de mayo, a una alfombra de tomillos y mejorana en la calle Contreras para el día del Corpus, pues tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión, a un acuerdo mediante un apretón de manos, a modo de contrato, para el día de san Pedro o a un trozo de rosca de caridad para san Antonio, a un escapulario que te ponían de chico el día de la Virgen del Carmen para que no te ahogaras en una alberca, a un montón de trigo par aventar en las eras con los remolinos de Santiago, a un enjalbriego del cinto para la feria, pues estaba puerco el del último verano, a unas luminarias de un 14 de septiembre y unos alpargates para cumplir aquella promesa de ir andando a Cortes y no enfadar a la Virgen, a un cesto de rosa para Santa Teresa dando voz al refrán de “santa Teresa rosa en mesa”, a unas mariposas en aceite para que las ánimas no penen en el mes de los santos y dejen tranquilos a los del más acá y a una palilla de tortas de chicharra hechas con la manteca del gorrino que se sacrificó llegando los primeros fríos del invierno pasando el día de la Pura.

Asi es nuestro ciclo vital, el que año tras año se repite -no con hojas del calendario, ni cumpleaños-, sino mediante celebraciones, costumbres y tradiciones que van pasando de padres a hijos y de madres a hijas, sucediéndose las mismas desde tiempo inmemorial, tal como un día lo hicieron nuestros antepasados, y así desde 1564 la procesión del Corpus se viene celebrando por las mismas calles de nuestro pueblo, desde la iglesia a la Plaza, pasando por la calle Contreras y Mayor hasta calle Santa Catalina, finalizando la misma cuando accede el cortejo por la puerta del Sol.

Es el mismo espacio con el mismo olor a mejorana y tomillo, los mismos altares en los mismos lugares, e incluso la misma colcha sacada del arca, heredada y colgada en los herrajes del balcón, que repite escena año tras año. Solo es el tiempo el que ha pasado, el que ha mudado las distintas generaciones en las calles para acompañar el cortejo, pero en la esencia la costumbre y tradición se mantienen igual que hace más cuatrocientos años.
-Calle Mayor, El Bonillo-

martes, 27 de septiembre de 2011

TRADICIONES

-ARTÍCULO PUBLICADO EN EL BOLETÍN DE NOTICIAS DE EL BONILLO-
             La pasada feria de tradiciones, invitado amablemente por el Excmo. Ayuntamiento, tuve la oportunidad de hablar sobre la industria del transporte, desde la antigüedad, en El Bonillo, vinculado al continuo trasiego realizado por carreros, arrieros y trajinantes de los diversos productos que se producían en nuestro pueblo: cal de las caleras de la dehesa boyal para materiales de construcción, barro de los barreros para tejas y adobes, carbón y picón de las carboneras con destino a la Villa y Corte de Madrid, piedra de las canteras de Sages para pilas y brocales, toba para los suelos procedente de los terreros existentes en la carretera de Ossa de Montiel, miera de los enebros para curar la roña de los ganados, yeso de la Moheda, sal de Pinilla con destino a Andalucía y Extremadura, madera de las sabinas con destino a la industria naval en Cádiz, etc.
            Durante la disertación recité un cantar o dicho popular de aquella época, cantado por arrieros y jornaleros tras la posguerra, que de alguna forma reflejaba los avatares del acarreo en esos años.  Tras finalizar el acto algunos vecinos se acercaron indicándome que recordaban haber oído, de pequeños, la letrilla de la canción en aldeas y cortijos, sobre todo por la zona de los cuartos de Munera. Particularmente Puri Martínez me insistió sobre la posibilidad de disponer del citado cantar, pues la letra hace referencia a sus antepasados, comerciantes procedentes de Valencia afincados en el pueblo que vendían cacharros de loza, la familia del “Ches”. La canción también cita la importante tienda de ultramarinos que por esos años regentaba en el pueblo Pedro Marín, donde había de todo o casi de todo, pues sombreros no tenía.    
                                  
                                   Hemos estao en la aceituna,
                                   donde hemos pasao el invierno,
hemos ganao tres mil reales
y hemos comprao el burro negro,
y la albarda nos la dieron.

El bozo y la cabezá,
‘le’ tuvimos que comprar.
Las agüeras las hicimos
antianoche allí en un rato,
como nos íbamos a venir,
para poder traer el hato.

La guitarra la compramos
al pasar por La Solana,
las hoces y los manguitos
y dedales de badana.

Albarcas no las compramos,
que no tenía el gorrionera
de “en ca” Pedro Marín gorra,
al pasar por El Bonillo,
nos compramos estas gorras
(que sombreros no tenía)

La bombona la compramos
al pasar por El Bonillo,
de “en ca” el Ches, el cacharrero,
este vaso y el lebrillo.

Esta sartén y caldera
son de una fundición,
y un herrero de El Bonillo
nos ha dao este cucharón.  (Popular)

Ramón Fernández Chillerón

jueves, 7 de julio de 2011

Bendición e Inauguración de la Ermita de San Cristóbal y presentación del Monográfico "Los Altos de San Cristóbal"


El pasado día 3 de julio se inauguró y bendijo la nueva ermita de San Cristóbal.
Felicitar a la Hermandad de Conductores de San Cristóbal de El Bonillo por el entrañable y acogedor acto de celebración realizado el pasado día 3 de julio, conducido por Dª Pilar Sierra, con asistencia del Sr. Alcalde, Sr. Cura párroco, Concejales, Autoridades, Presidente de la Junta de Cofradías, Hermandades, Asociaciones locales, Vecinas y Vecinos de El Bonillo.
            Manifestar mi agradecimiento personal a su presidente Ángel Morcillo, a toda la Junta Directiva y a los Hermanos de San Cristóbal por su grata invitación y acogida. Daros las gracias públicamente por el emotivo detalle de reconocimiento que tuvisteis con el que suscribe estos renglones, siempre a vuestra disposición.     
        Desearos lo mejor en el camino que con tanta ilusión habéis iniciado, ya lo dijo en sus versos el poeta don Antonio Machado, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”, y vosotros lo estáis haciendo.
Al finalizar el acto se obsequió a los asistentes con un monográfico de 52 páginas titulado "Los Altos de San Cristóbal", editado por el Excmo. Ayuntamiento de El Bonillo y escrito por el que suscribe estos renglones, espero que os guste.

miércoles, 6 de julio de 2011

El Bonillo. Feria de Tradiciones (26 de junio 2011)

 La pasada feria de tradiciones, invitado amablemente por el Excmo. Ayuntamiento, tuve la oportunidad de hablar sobre la industria del transporte -desde la antigüedad- en El Bonillo, vinculado al continuo trasiego realizado por carreros, arrieros y trajinantes de los diversos productos que se producían en nuestro pueblo: cal de las caleras de la dehesa boyal para material de construcción, barro de los barreros para tejas y adobes, carbón y picón de las carboneras de los distintos montes, piedra de las canteras de Sages para pilas y brocales, toba para los suelos de los terreros, miera de los enebros para curar la roña de los ganados, yeso de la moheda, sal de Pinilla, madera de las sabinas con destino a la industria naval en Cádiz, etc.
            También hablé de los diferentes planes de obras públicas vinculadas a la industria del camino, de cómo se transformaron los caminos carreteros y de herradura en carreteras de tercer y segundo orden y de cómo surgió una prolífica industria de elaboración de carros y galeras, desarrollándose oficios artesanales de carreteros de hacha, guarnicioneros, aperadores de carretas, herreros, etc. .
Desde estas lineas mostrar mi gratitud a los vecinos y vecinas que me acompañaron durante la ponencia, en los soportales del Ayuntamiento, mostrando gran interés por la industria del transporte y los distintos oficios artesanales vinculados a la misma, hoy ya desaparecidos.

martes, 26 de abril de 2011

El mal tiempo impidió la salida de procesiones de Semana Santa de El Bonillo, en su primer año de Declaración de Interés Turístico Regional

No pudo ser, la climatología adversa propia de la alterada primavera impidió la salida de procesiones de semana santa en los días de jueves y viernes santo en su primer año de Declaración de Interés Turístico Regional. Cofrades, bonilleros y visitantes lamentaron que no pudiese realizarse estación de penitencia en los precitados días.
El Domingo de Resurrección si acompañó el tiempo para que se realizase en la placeta del Convento la procesión del Encuentro, procesión recuperada en los años 80 por el párroco D. Pedro Madrona García tras su desaparición a finales de los años 60.

domingo, 6 de febrero de 2011

Sabiduría popular

Artículo publicado en el "Boletín de Noticias de El Bonillo" Enero de 2011
                Hay un refrán castellano que dice, “De los santos frioleros San Sebastián es el primero. ¡Detente varón! que el primero es San Antón”
          Tras ser bendecidos todos los animales del entorno -el día 17 de enero-, el día 20 se celebraba San Sebastián y San Fabián, santos a los que se les erigió una ermita en el pueblo. Ésta era regida por la cofradía que llevaba su mismo nombre. De la antigüedad de la cofradía quedó constancia en el principio de las constituciones y ordenanzas que regían la vida de los hermanos que pertenecían a la misma, el cual dice así, El Bonillo es Villa eximida de la Jurisdicción de la Ciudad de Alcaraz a cu­ya Vicaria foránea pertenece. Es al presente de Realengo aunque por los años de mil quatrozientos noventa y dos se dice era Señor de ella Don Juan Pacheco, Marques de Villena…”
            La cofradía de San Sebastián y San Fabián celebraba su fiesta, mediante procesión, alrededor de la ermita. Además los fieles bajaban a besar el pie al santo para que no se les inflamasen las mucosas respiratorias o, mejor dicho, no les diese el “garrotillo”. De ir a besar el dedico todavía me acuerdo, porque después de besarlo nos comíamos “los chupetes”, carámbanos de hielo de los tejados, con la seguridad de que estábamos inmunizados ante cualquier inflamación motivada por el frío.
            La ermita fue erigida en poniente, a la salida del pueblo, en un cruce de caminos. El lugar escogido para ello facilitaba el descanso a transeúntes y carreteros que circulaban por el camino de Murcia a Ciudad Real –actual calle Mayor-; el otro camino que circundaba la ermita es el que va en dirección al Pozo Montesinos. El numeroso paso de caminantes, en dirección a Murcia y Extremadura, y de los lugareños que bajaban a por agua al pozo Montesinos, originó que la cofradía dispusiese de pingues limosnas, a cambio de los beneficios espirituales suministrados a todos aquellos que se acercaban a besar el dedico al santo.  No obstante, al parecer, el destino de las limosnas fue más lúdico que espiritual, siendo éstas destinadas para festejar el día del santo, mediante comidas realizadas por los mayordomos de la cofradía, en detrimento de la misma.
            Por tradición oral siempre se ha dicho en el pueblo que la primitiva imagen de San Sebastián fue tallada por el escultor local, Juan Antonio de Rivas, y donada a la ermita -por éste- para su veneración. Los vecinos del pueblo dudaban de la nobleza de la madera del santo, pues el escultor poseía un taller de imaginería en la calle de Cuellar –aunque él vivía en la calle de La Feria-, en cuyo patio existía un frondoso árbol que proporcionaba sombra a la familia del tallista en los meses de más calor. El árbol, tras la realización de la talla, desapareció del patio y los vecinos, con su sabiduría popular, muy pronto dieron respuesta a las dudas surgidas sobre la procedencia de la madera en la cual fue tallada la imagen, pues las gruesas ramas del árbol sirvieron para algo más:
“En mi huerto te criaste,
glorioso San Sebastián,
del pesebre de mi burro
eres hermano carnal”.
(Popular)
            Mi padre decía que en el corral del escultor había un almendro y aseguraba que la talla fue realizada con la madera del mismo. Misael Angulo Alcarria le corregía, “no era un almendro Emilio, era un ciruelo, por eso se decía, cuando pasábamos por delante del santo, <quien te conoció ciruelo y ahora te reza>”.
Ramón Fernández Chillerón

viernes, 28 de enero de 2011

El Bonillo. 1806, Escasez de cosecha


Decreto sobre precio de Granos:
              En la Villa de El Bonillo y Salas Capitulares de ella a los quince días del mes de Agosto de mil ochocientos seis. Juntos en la forma ordinaria por citación… Para el efecto de poner precio a los granos; Habiendo sus Mercedes conferenciado largamente y con la madurez que exige el caso, teniendo presente lo escaso de la cosecha en este pueblo con respecto a toda la Comarca. De unánime consentimiento acordaron sus Mercedes se compre en el Real Pósito para el surtido común cada fanega de trigo claro por quarenta y quatro Reales y la fanega de Jeja (trigo candeal) por treinta y nueve reales. Lo que se aga saber al Procurador del Pósito para que le conste por este Decreto. Asi lo mandaron y firmaron sus Mercedes… Yo el Escribano doy Fe” [1].

El Real Pósito era una especie de granero público, que dependía del Estado, donde se almacenaba el grano comprado por el Concejo para hacer frente a las malas cosechas en los años de escasez, tal como ocurrió en nuestro pueblo en el año 1806. El grano depositado en el pósito frenaba y estabilizaba las subidas de precios, en años de carestía, originadas por la usura y los especuladores. 
Era el Ayuntamiento compuesto por el Regidor, Diputados, Procurador Síndico y Depositario, quienes decidían el precio de los granos; adelantando las semillas para la siembra y subsidiando a los pobres cuando la gravedad del asunto lo aconsejaba. Préstamo realizado a un interés bajo y nunca abusivo[2], a precios más ventajosos que los del mercado, aunque siempre había quejas por el favoritismo y trato discriminatorio que no pocas veces se dio en los altos de Cerro Bueno. Estamos ante una clara intervención del Estado, en el mercado, en épocas de crisis. Intervención que se daba en nuestro pueblo en una época en la que no existía ni Mercado Común, ni €uros, ni pesetas, y donde lo más parecido a un entidad financiera era el pósito del común, y lo más semejante a una caja de ahorros era el cajón de la sal, con los avíos del “mataero”, para pasar el invierno.
Nota: En nuestro pueblo el Real Pósito se localizaba donde actualmente se ubica el casino.
© Ramón Fernández Chillerón


[1] Decreto sobre precios de granos del Ayuntamiento de El Bonillo. Archivo Histórico Provincial.
[2] Felipe II en una pragmática de 15 de mayo de 1584 estableció la primera reglamentación oficial, y así también lo establecía la Real Cédula de 2 de julio de 1792.

Publicado en el "Boletín de Noticias de El Bonillo" Julio/2010